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Cuando tu cuerpo se derrite: las zonas erógenas de la mujer

Autor:
Sección: Tabú
14/01/19 8:11 am

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Ya sabes el dicho: “Conócete a ti mismo”. Y es que la cultura popular tiene esas grandes frases que tan bien definen a los seres humanos. Conocer tu propio cuerpo es la mejor manera de conseguir placer. Para ello, hoy vamos a descubrir las zonas erógenas femeninas, tus nuevas mejores amigas. Puedes descubrirlas sola o en compañía, pero eso sí, ¡ni se te ocurra descuidarlas un momento!

Las zonas erógenas de la mujer van mucho más allá de la vagina o el clítoris. Y es que prácticamente cualquier parte del cuerpo con una alta concentración de terminaciones nerviosas puede hacerte experimentar una infinita sensación de placer. Pero, ¿qué zonas son esas exactamente? A continuación vamos a explicarte cuáles son, porque las zonas erógenas son la hoja de ruta sexual hacia un final feliz. ¡Toma nota y disfruta como si fueras la estrella de alguna gran escena de sexo!

Tipos de zonas erógenas

Una zona erógena es una parte del cuerpo susceptible de provocar excitación sexual. Existen tres tipos de zonas erógenas que van desde lo más básico y convencional, hasta lo más insospechado. Son tres:

Zonas erógenas primarias. Se trata de los órganos que deben ser excitados para alcanzar un orgasmo. En la mujer, las zonas erógenas son el clítoris y la vagina. El primero se excita mediante caricias y movimientos circulares. En cuanto a la vagina, sólo es sensible si se encuentra el famoso punto G y por la contracción de los músculos gracias la penetración del sexo masculino. Una buena forma de comenzar a estimular el clítoris es utilizar un vibrador que estimule el clítoris, los hay de muchos tipos diferentes, pero nos encanta una nueva fórmula que a través de ondas estimula el clítoris sin contacto.

También puedes probar con un gel estimulante para las zonas erógenas, especialmente el clítoris. En el caso de los hombres, las zonas erógenas primarias masculinas se sitúan al nivel del glande y el pene. Del mismo modo, la excitación se produce por frotamientos con la masturbación o la penetración.

Zonas erógenas secundarias. Se caracterizan por ciertas partes de la piel y las mucosas que, excitadas por caricias, también activan la excitación de las zonas primarias y, por lo tanto, multiplican el placer sexual. Sin embargo, no son indispensables para alcanzar el orgasmo. En la mujer, son el pubis, las nalgas, los labios mayores y menores, la entrada de la vagina, el perineo, el ano y, por supuesto, los pezones. Por su parte, las zonas erógenas secundarias del hombre son el pene, el escroto hasta el ano y el interior de las nalgas. A algunos hombres también les encantan los mordisqueos y las caricias en los pezones.
Existen aparatos sexuales vibradores y succionadores que pueden estimular de maravilla las zonas erógenas secundarias como los pezones o todos los alrededores de la vagina.

Zonas erógenas potenciales. El objetivo es activar un conjunto de sensaciones que pueden estimular las zonas primarias y provocar la humedad vaginal y la excitación. Estas zonas erógenas tienen una dimensión erótica y varían de una persona a otra, tanto a nivel de localización como de intensidad. Si quieres pistas, puedes probar con el cuello, las orejas, alrededor de los pezones o incluso los pies… Cada uno debe descubrir estas zonas de deseo, presentes en todo el cuerpo.

Cómo activar las zonas erógenas

Por norma general, además de las manos, suele funcionar muy bien utilizar los labios para hacer caricias, la respiración contra el cuerpo del otro o algún elemento externo como una venda para los ojos, ya que al tapar el sentido de la vista, se potencian los demás.

Como supondrás, para disfrutar de tus zonas erógenas solo necesitas una cosa: ¡ganas! Y es que hay mil formas para ello, y no en todas ellas interviene otra persona. Puedes hacerlo tú misma a través de la masturbación femenina, o también puedes probar con algún juguete sexual como un buen vibrador femenino, que puede hacerte descubrir en cualquier momento y lugar unos niveles de placer que ni siquiera eras consciente de que existían.

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