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Libérate de la culpa

Autor:
Sección: Reflexiones
04/12/18 8:14 am

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Todos hemos cometidos errores, hemos hecho cosas de las cuales no nos sentimos orgullosos, le hemos fallado a personas y eso nos ha hecho sentir culpables. También solemos buscar a alguien a quien culpar en situaciones comprometedoras.

La culpa puede causarnos heridas, y nos acostumbramos a dedicarle nuestros pensamientos y nuestro tiempo a tantas situaciones que han quedado en el pasado. Pero esa culpa no dejará de atormentarnos hasta el día que decidamos decir ¡BASTA!

Jesús nos trajo la mejor solución para LIBERARNOS de todo sentimiento de culpa. Jesucristo fue el cordero entregado en Sacrificio para limpiarnos y hacernos libres. Es sorprendente la rapidez con la que la culpa puede entrar en nuestras vidas, a pesar de lo seguras o inteligentes que sean las personas. ¿Has experimentado alguna vez esta sensación?

La culpa, es una señal de advertencia emocional que la mayoría de la gente aprende a través de su desarrollo social normal desde la niñez.

Su propósito es hacernos saber cuándo hemos hecho algo mal, para ayudarnos a desarrollar un mejor sentido de nuestro comportamiento y cómo nos afecta a nosotros mismos y a los demás.

Es de suponer que su propósito es que repasemos minuciosamente nuestras acciones o nuestro comportamiento para que no acabemos cometiendo el mismo error dos veces.

LA CULPA PUEDE AYUDARNOS A CRECER Y MADURAR

Cuando nuestro comportamiento ha sido ofensivo o perjudicial para los demás o para nosotros mismos. Si nos sentimos culpables de decir algo ofensivo a otra persona, o de centrarnos en nuestras carreras con una semana de trabajo de 80 horas sobre nuestra familia, eso es una señal de advertencia con un propósito: cambiar nuestro comportamiento o sabemos que vamos a perder a nuestros amigos o familiares por no darles la atención que se merecen. Podemos optar por ignorarla, pero sabemos que va a comportar un riesgo. Esto se conoce como culpa “sana” o “apropiada” porque sirve a un propósito: tratar de ayudar a redirigir nuestra brújula moral o conductual.

Si reconocemos nuestros pecados y nos rendimos al pie de la cruz, no hay porque estar atados a la culpa, pues su sangre preciosa nos ha hecho ¡LIBRES!

El juego de la culpa se acabo, es tiempo de disfrutar una vida santa y llena de la misericordia y gracia de Dios.

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