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APUNTES… IMPOSTERGABLE, UNA REVOLUCIÓN MORAL

Autor:
29/11/18 6:01 am

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Por: Guillermo Fabela Quiñones

A lo largo de la historia se ha visto que la moral de un pueblo no se impone por decreto, sino que es un proceso que se va construyendo en la medida que las élites mantienen un proyecto en el que lo esencial es el bienestar de la sociedad en su conjunto. En este momento es válido referirse a este tema, pues la sociedad mexicana lo fue olvidando a partir de que el pragmatismo a ultranza carcomió los valores morales para dar paso a la codicia como meta superior.

“Cuánto tienes, tanto vales”, es la expresión demostrativa del avasallamiento de acumular bienes materiales por encima de comportamientos y actitudes propias de valores morales, como el honor, la vergüenza, el respeto a los demás, todo lo que antes se aprendía en la escuela en las clases de civismo. Los mayores nos ponían ejemplo de cómo tener un comportamiento que permitía una sana convivencia entre las distintas clases sociales. Esto ya no existe.

Es preciso recomenzar el camino hacia una revolución moral en México, realidad que ha comprendido el inminente jefe del Ejecutivo federal, Andrés Manuel López Obrador. De ahí su llamado a definir una Constitución Moral con propuestas de la propia sociedad. Esto es correcto desde una perspectiva política, pero no tendrá repercusión concreta en el tejido social si los postulados no se concretan con hechos.

La experiencia histórica nos demuestra que los imperios han caído, por muy poderosos que hayan sido, porque las élites no pusieron ejemplo de un sano y positivo sentido moral. El caso más emblemático es el del Imperio Romano, el cual contó con un conjunto de Leyes y códigos de excelencia, los cuales a final de cuentas no sirvieron de nada por la actitud inmoral de las cúpulas, su inveterado cinismo y una desvergüenza que se llevó a grados extremos.

Lo que necesitamos en nuestro país no es tanto una Constitución Moral como comportamientos de las élites que patenticen un compromiso serio, irrevocable, con los valores morales auténticos. Sin duda, en ello habrá de verse la voluntad del nuevo gobierno en acabar con todo lo que significó la desvalorización que nos define como sociedad actualmente. De ahí la trascendencia de colocar a la corrupción en primerísimo lugar como factor inmoral a vencer. Sobre todo entre las élites y la alta burocracia, pues el fenómeno cae en cascada sobre la sociedad.

Como bien apuntó Jaime Cárdenas, un jurista de reconocida calidad moral: “Está en juego un Estado que provea de bienestar, igualdad social, instituciones que con efectividad puedan enfrentar los problemas de corrupción”. Un Gobierno con legitimidad, como el que se inicia el sábado próximo, está obligado a llevar a la práctica actitudes y prácticas morales que afiancen su compromiso con la sociedad, de acabar con viejos vicios que nos tienen al borde del colapso social.

El crecimiento económico no vale mucho sin un soporte moral que lo fortalezca, así ha sido a través de la historia. Claro ejemplo lo tuvimos en el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas, cuando la falta de recursos económicos se compensó con la reciedumbre moral de un gobierno firmemente comprometido con el bienestar del pueblo y con el desarrollo de la nación en su conjunto.

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