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Paciencia: la habilidad para procesar el mundo sin prisas

Autor:
Sección: Reflexiones
17/11/18 8:56 am

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¿Hemos perdido la paciencia? ¿Hemos dejado quizá a un lado esa valiosa capacidad para entender y procesar nuestra realidad de manera relajada pero profunda? Según varios neurocientíficos, la respuesta es “sí”. De hecho, esta idea está cada vez más presente, sobre todo si reflexionamos sobre el modo en el que procesamos mucha de la información que nos llega desde las redes sociales: de forma rápida y sin contrastar.

Una gran parte de los lectores actuales son incapaces de leer una hora seguida sin consultar varias veces su teléfono móvil. Nos hemos vuelto impacientes y estamos perdiendo de un modo más o menos llamativo, parte de nuestra habilidad para concentrarnos. La paciencia cognitiva en estos casos no hace referencia ni mucho menos a nuestra capacidad para esperar o retrasar una gratificación. Define esa habilidad para procesar con calma una información, una realidad, un evento.

Es esa competencia con la que dar un significado a las cosas habiendo profundizado previamente en ellas. Es también tener capacidad de control para regular interferencias, para centrarnos en un objetivo sin prisa ninguna, libre de presiones y sabiendo utilizar a nuestro favor ese músculo tan descuidado llamado atención.

La paciencia es activa, es fuerza concentrada en un objetivo claro.

La paciencia es fuerza concentrada y nos da sabiduría. Vivimos en una sociedad que no tiene en mucha estima a la paciencia.Las personas importantes y con poder, por ejemplo, no esperan, no hacen turnos, no hacen colas. A su vez, desde bien niños nos educan en esa clásica idea de que si deseamos algo, debemos ir a por ello. Es cierto, la determinación es importante, pero aún lo es más aprender a ser pacientes, a entender que el éxito y la sabiduría requieren tiempo.

Para encender y hacer uso de nuestra pacienciadebemos entender en primer lugar, que ser paciente no nos da poder sobre las circunstancias, sino que nos permite tener un mayor control sobre nosotros mismos en medio de cualquier circunstancia.

Es también entrenar esa actitud donde volver a mirar el mundo con ojos de niño. Debemos recuperar el interés, la curiosidad, el aprecio instintivo por los detalles y los matices.

Nuestra mirada, además, debe ser altamente exigente. No debe apremiarnos el demonio de las prisas, sino el deseo por saber, por obtener nuestra propia verdad sobre aquello que vemos, sentimos o leemos.

Asimismo, es interesante saber que la paciencia no es una habilidad pasiva, todo lo contrario. Ningún proceso requiere tanta actividad, tanto dinamismo y apertura de mente.

Hacer uso de esta herramienta en el día a día, nos permite disminuir el riesgo de sufrir depresiones y otro tipo de trastornos del ánimo.

Esta dimensión es a su vez la respuesta más sabia que podemos darle a los desafíos cotidianos de la vida. Porque, solo si somos pacientes y aprendemos a procesar el mundo sin prisas y con detenimiento, nos permitiremos apreciar sus mágicos detalles, sus grandezas y  también sus verdades.

Entrenemos nuestra atención y el placer de la calma, recordemos que la paciencia es al fin y al cabo, fuerza concentrada dirigida hacia un objetivo.

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