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APUNTES… UN OASIS EN EL DESIERTO DE LA SALUD

APUNTES… UN OASIS EN EL DESIERTO DE LA SALUD

Autor: Sección: Zona de Debate 10/07/2018 6:33 am 214129

Por: Guillermo Fabela Quiñones

Una de las consecuencias más nefastas del régimen que está por concluir ha sido el daño a la salud, que se agravó por el recorte presupuestal anual al sector. Esta práctica neoliberal, ordenada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), en nuestro país se exacerbó como en ninguna otra nación emergente, de modo tal que en la actualidad podría decirse que el sistema de salud del Estado está en liquidación.

Esto lo constatan diariamente las familias derechohabientes que se ven obligadas a recurrir a los hospitales del IMSS y del ISSSTE, las cuales sobreviven literalmente a un infierno. De ahí lo asombroso de encontrarse, por un azar del destino, en un oasis en el desierto de la salud en Durango. Vale decirlo así porque fui yo quien de pronto llegó al Hospital 450, conducido por un extraordinario médico y amigo, el doctor Alejandro Pechard, con el fin de salvarme la vida.

Debía viajar a la Ciudad de México al día siguiente, pero por sentirme mal decidí consultar al doctor Pechard. Luego de auscultarme detenidamente decidió mandarme hacer una tomografía. Lo hice, y al llevársela y mirarla me dijo que no podría viajar sino acudir de inmediato a ser intervenido quirúrgicamente. El doctor Pechard me llevó personalmente al Hospital 450, donde me esperaba un equipo de neurólogos, quienes me subieron al piso de Neurología.

Me llamó gratamente la atención que se daba el mismo trato que a mí a los demás pacientes que iban llegando, situación que observé mientras esperaba, ya en la cama, los resultados de los análisis que se me habían practicado. La intervención tuvo que posponerse porque mi sangre no tenía coagulación suficiente. Todo ese día y hasta el siguiente por la noche esperé para ser llevado al quirófano, lapso en el que corroboré lo que me pareció increíble: Estar en un hospital público como si fuera de primer mundo.

En el cuarto en que estuve había sólo dos camas, como en los demás, un baño espléndido y un servicio incluso mejor que el de hospitales privados, lo cual puedo decir por mi experiencia al respecto. La mayoría de los pacientes eran gente de escasos recursos, adscritos al Seguro Popular, campesinos e indígenas que habían sido rechazados en nosocomios del IMSS y del ISSSTE. Así lo corroboré con los dos compañeros de cuarto que tuve oportunidad de conocer, uno que salió horas después de mi llegada y otro que llegó horas antes de mi salida.

El quirófano donde fui intervenido me pareció igual o mejor que el de los hospitales privados donde he estado. El equipo de médicos y enfermeras, dirigido por el neurocirujano Rubén Macías, inmejorable. De ahí la rapidez de mi recuperación luego de haber estado al borde de la muerte, percance que hubiera ocurrido de no haber consultado al doctor Pechard. Habría llegado muerto al aeropuerto de la Ciudad de México.

Los días de convalecencia en el hospital me permitieron reforzar la idea de que se me había salvado la vida, situación que habría sucedido en cualquiera otro del IMSS o del ISSSTE, e incluso de una institución privada, por lo complicado de la operación. Por eso, cuando tuve oportunidad de preguntar al doctor Macías cómo era posible que hubiera un hospital público de las características del 450, en un medio donde la crisis es terrible, así como la falta de apoyo por parte de los gobiernos estatal y federal, me dijo:

“Es porque la comunidad médica nos hicimos el propósito de no dejar caer un hospital como este, que cuenta con lo más avanzado de la tecnología  (aquí citó los nombres de los equipos y máquinas de punta que tienen los hospitales modernos, los cuales no recuerdo). Tenemos el compromiso de demostrar que cuando se tiene vocación de servicio se pueden superar muchos obstáculos, incluso el de la falta de apoyos gubernamentales”.

Estuve de acuerdo y quedé convencido que el Hospital 450 es como un oasis en el desierto de la salud pública en el país.

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