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APUNTES… LAS SOCIEDADES SE PUDREN AL ESTANCARSE

APUNTES… LAS SOCIEDADES SE PUDREN AL ESTANCARSE

Autor: Sección: Zona de Debate 10/02/2018 6:50 am 169784

Por: Guillermo Fabela Quiñones

Las sociedades no pueden permanecer estáticas, porque al igual que el agua se pudre cuando se estanca, así sucede en la vida de las naciones. Llevamos décadas de absoluto estancamiento, no sólo económico, como lo revela la terrible descomposición del tejido social. Por eso llegó la hora de remover la suciedad putrefacta que toma forma en la corrupción desbocada de las élites, que cae como cascada sobre todos los sectores. En esta administración federal se rebasaron límites que hicieran manejable la realidad, como ha trascendido a nivel internacional.

Por más que las autoridades judiciales de Brasil han afirmado que las pruebas de la corrupción por el asunto de la empresa constructora Odebrecht las tiene en su poder la Procuraduría General de la República (PGR), no se ha movido un dedo para llegar a conclusiones que convenzan a la parte acusadora y a la sociedad. Obviamente seguirá igual la situación, sin que al PRI le importe que tan grave impunidad se refleje en las urnas el primer domingo de julio. El sexenio habrá de terminar como empezó: sumido en el escándalo por el cinismo de los principales funcionarios públicos.

Sin embargo, no todos los priistas están de acuerdo con el comportamiento de Enrique Peña Nieto y su gabinete, aunque no se atreven a expresar públicamente su protesta. Pero también los hay, quienes al paso de las semanas se irán decidiendo a manifestar su repudio a un flagelo que ha fortalecido el descrédito del país en el exterior, que ha minado el Estado de derecho y que agudizó la desigualdad imperante en México. Estos tendrán la oportunidad de influir en el cambio de rumbo que demanda la sociedad mayoritaria, emitiendo un voto con esa intención.

Esta mayoría silenciosa ha comprendido, aunque no lo diga, que sería condenar a la quiebra total al país, y particularmente a los jóvenes, el continuismo del régimen reaccionario movido básicamente por intereses ajenos a los del país. Aunque esa no haya sido la intención del precandidato  priísta al declarar que “no se puede hacer un gobierno que aplique recetas que vienen de fuera, que aplique recetas dogmáticas, que aplique recetas que no se dan de manera dialogada, cercana y, además con profunda sensibilidad social”, le sobra razón al decirlo.

La prueba palpable de tal aserto la tenemos en la forma de gobernar de la tecnocracia en el poder, empezando por el hecho incuestionable de que sus políticas públicas son “recetas que vienen de fuera”, las aplica de manera dogmática, sin modificar ni una coma a lo que señalan los organismos globales y la Casa Blanca en Washington y, lo más obvio, las pone en práctica sin dialogar con sectores representativos de la sociedad, sino únicamente con los organismos cupulares que forman parte de la élite.

Con todo, lo más censurable y que es de lo que menos puede presumir el régimen, es la ausencia total de sensibilidad social al aplicar “recetas” del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la OCDE, principalmente. Se ha llegado a extremos absurdos, como lo estamos viendo en la renegociación del Tratado de Libre comercio de América del Norte (TLCAN). ¿Acaso no es Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, quien ha defendido con más firmeza la necesidad de que se paguen mejores salarios en nuestro país, tema al que la representación mexicana le da la vuelta?

¿Cómo creerle a Meade si él ha sido uno de los principales ejecutores de las “recetas” externas, dogmáticas y que se aplican de manera autoritaria, para quedar bien con quienes se han beneficiado de las políticas públicas neoliberales que nos tienen en el límite de la sobrevivencia, como lo demuestra el costo de la canasta básica, el cual se incrementa de tal manera que hace imposible su consumo al nivel de hace tres décadas? Sin embargo, la clase política reaccionaria en el poder, considera que puede seguir engañándonos con su demagogia, de acuerdo con los discursos de Meade y de Ricardo Anaya, quien ahora nos quiere hacer creer que no está de acuerdo con las reformas estructurales.

En un acto proselitista en Tamaulipas, Meade dijo también que “cada vez que en lo político hemos buscado posponer decisiones difíciles, hemos dejado de hacer los ajustes que necesitamos, lo ha pagado la gente con inflación, lo ha pagado la gente con crisis, lo ha pagado la gente con desempleo, lo ha pagado la gente con pérdida de confianza”. Lo paradójico del caso es que la tecnocracia sí ha tomado “decisiones difíciles”, pero con la firme intención de favorecer a una minoría, lo cual las hace menos “difíciles” de acuerdo con su proyecto de gobierno.

Esta es la causa de que los “ajustes” implementados provoquen efectos negativos para la sociedad mayoritaria, como por ejemplo mayor inflación, fenómeno que propicia el propio gobierno federal con los irracionales incrementos a los precios de las gasolinas, acción que repercute en todos los campos de la vida económica nacional. Para la tecnocracia, una decisión difícil, por compromisos adquiridos con las cúpulas del poder, sería actuar con sensibilidad social. No puede hacerlo. Además, no le nace proceder de esa forma: son tecnócratas ajenos por completo a las necesidades de las masas.

Por supuesto la demagogia, el fundamentalismo tecnocrático y los dictados de los organismos de poder global, “no hacen buenos gobiernos”. La prueba más evidente la tenemos en el régimen neoliberal, el cual nos ha llevado a una realidad que sólo puede catalogarse de dantesca. Poco falta para que se convierta en apocalíptica, lo que sucedería de continuar por la misma ruta que seguimos desde hace más de tres décadas.

(guillermo.favela@hotmail.com)

 

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