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A veces decimos estar cansados, cuando en realidad nos sentimos tristes

A veces decimos estar cansados, cuando en realidad nos sentimos tristes

Autor: Sección: Reflexiones 12/09/2017 8:56 am

A veces nos sentimos desafinados, envueltos en una cotidianidad de grises y blancos, vacía y sin sentido. Cuando nos preguntan qué nos pasa decimos que estamos cansados, solo eso y nada más. Sin embargo, bajo ese agotamiento sin forma ni razón se esconde la tristeza, esa amiga cenicienta que se instala sin permiso en la mente y el corazón para inocularnos la apatía y el recogimiento.

Admitámoslo, todos hemos vivido en algún momento esta misma situación. Cuando al cansancio se le añade esa emoción pegajosa, lánguida y profunda como es la tristeza, uno no duda en ocasiones en acudir al “doctor Google” en busca de un posible diagnóstico. Al instante nos aparecen términos como “depresión“, “anemia”, “hipotirodismo”, etc.

Cuando la tristeza se instala en nosotros la concebimos al instante como algo equivocado, como algo patológico de lo que liberarnos al instante como quien se sacude el polvo o la suciedad de la ropa. No nos gusta y queremos defendernos de ella sin detenernos siquiera a entender su anatomía, a profundizar en sus melancólicos recovecos para adquirir un aprendizaje mucho más profundo de nosotros mismos.

De hecho, se nos olvida a veces que la tristeza no es un trastorno, que tristeza y depresión no son lo mismo. Mientras esta emoción no se prolongue en el tiempo y no interfiera de manera continuada nuestro estilo de vida, tenemos una buena oportunidad, por paradójico que resulte, para avanzar y crecer como personas.

A veces pasamos épocas así, esas en las que nos acostamos cansados y nos levantamos de igual modo. Podemos ir al médico, y sin embargo, los análisis nos dirán que no hay desajuste hormonal, ni déficit de hierro ni ninguna otra patología de origen orgánico.

Los mecanismos cerebrales que rigen nuestros estados emocionales se diferencian bastante entre sí. Mientras la alegría o la efusividad originan toda una serie de conexiones e hiperactividad en nuestras células y regiones cerebrales, la tristeza es mucho más austera y prefiere economizar en recursos. Sin embargo, lo hace por un fin muy concreto.

Asimismo, los estados de tristeza reducen nuestra capacidad de atención en todos esos estímulos exteriores que nos rodean. Esto es así por una razón más que evidente: el cerebro nos intenta decir que es momento de detenernos y pensar, de reflexionar en ciertos aspectos de nuestra vida.

La tristeza ocasional, esa que nos abraza durante unos días y que nos hace sentirnos cansados, apesadumbrados y desconectados de nuestra realidad es algo que no podemos desatender. Tratar los síntomas, resolver nuestro cansancio con vitaminas o nuestra cefalea con analgésicos no sirve de nada si no llegamos a la auténtica raíz del problema.

En caso de no hacerlo, en caso de no detenernos y atender qué es lo que nos enturbia, molesta o nos preocupa, es posible que ese ovillo se haga más grande y la tristeza más extensa. Por lo tanto, nos puede ser de utilidad reflexionar en una serie de dimensiones sobre esta emoción que sin duda nos aclararán algunos pequeños detalles.

Hay épocas en nuestra vida donde el cansancio tiene poco de físico y sí mucho de emocional. Lejos de ver la tristeza como un trastorno a tratar, debemos verla como una voz interna a la que escuchar, como una emoción valiosa y útil que se constituye como esencial para el crecimiento del ser humano.

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