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APUNTES… EN RIESGO DE AHOGARNOS, POR LA CORRUPCION

APUNTES… EN RIESGO DE AHOGARNOS, POR LA CORRUPCION

Autor: Sección: Zona de Debate 08/09/2017 6:00 am

 

Por: Guillermo Fabela Quiñones

Como era previsible, ayer jueves quedó formalmente instalada la mesa directiva de la Cámara de Diputados, después de los jaloneos entre legisladores del PRI y del PAN por intereses partidistas, de nulo interés para las clases mayoritarias porque no tienen presencia en la agenda de las cúpulas de la clase política. En esto radica el fondo de la crisis generalizada que vivimos los mexicanos: la sociedad mayoritaria no tiene voz ni voto en las instituciones del Estado, motivo por el cual el régimen al servicio de la derecha ha destruido la estructura del Estado, como si un huracán de nivel cinco hubiera arrasado el territorio nacional.

Con o sin mesa directiva en la Cámara Baja la situación del país sigue su curso normal, el mismo que le impone la élite del poder con un solo objetivo: mantenerlo para seguir disfrutando de los privilegios de un sistema a modo que les brinda total impunidad a sus fechorías. Por ello resulta un sueño imposible la propuesta hecha por el representante en México de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Jan Jarab, en el sentido de que la designación del fiscal general de la República sea mediante una consulta pública, con el fin de que quien resulte designado lo sea por sus méritos.

En las actuales condiciones del sistema político nacional, es impensable que quienes aspiren a cargos de alta responsabilidad sean designados por sus méritos. Hace muchas décadas tal enfoque dejó de tener vigencia en México. Aquí lo que impera es el compadrazgo, las complicidades, la ausencia de principios, defectos que al paso de los años se han convertido en “cualidades” irrenunciables. Mucho menos es factible que antes de pensar en el nuevo fiscal, se realice una reforma constitucional que asegure “la independencia, imparcialidad, profesionalismo, objetividad y rendición de cuentas”, como señaló el funcionario de la ONU y demandan diversos actores políticos y sociales.

Antes será fundamental un cambio de régimen a profundidad, con un objetivo inicial del que después emanarán las acciones políticas subsecuentes: acabar de raíz con la corrupción, tal como lo sostiene Andrés Manuel López Obrador. Es de tal magnitud el reto que enfrentarlo es equivalente a una “revolución” pero sin armas, con el uso de las propias leyes provenientes de la Constitución General de la República y resucitando el Estado de derecho, por ahora en agonía terminal. Los dramáticos daños que el flagelo ha hecho al país podrían ser comparables a los del terremoto de 1985 y al paso de varios huracanes de categoría cinco.

Con el 10 por ciento de los presupuestos de egresos de los últimos treinta y cinco años que tiene el costo de la corrupción en el PIB, México sería una potencia mundial, no tendría que andar mendigando migajas a los mandatarios estadunidenses ni un trato justo en negociaciones que entre iguales no tendrían por qué ser humillantes para los mexicanos. Pocos países en el mundo han sido tan saqueados por los gobernantes y las élites como México, razón por la cual Donald Trump muestra un trato de profundo desprecio por la camarilla del poder en nuestro país.

En su razonamiento de magnate, como es en efecto, considera que los tecnócratas mexicanos han sido tan corruptos e ineficientes que tanta riqueza que ha pasado por sus manos no la han utilizado productivamente, motivo por el que la mano de obra mexicana sobrevive actualmente con salarios de hambre y millones de jóvenes se han visto forzados a emigrar en calidad de indocumentados a Estados Unidos. No es que eso le preocupe, sino que como lo ha dicho de manera reiterada, el desempleo entre los blancos supremacistas ha crecido y está comprometido a ofrecerles trabajo. Por eso su estrategia dirigida a empresarios estadunidenses que tienen plantas en nuestro país para que las cierren y las abran en su territorio.

La corrupción de los tecnócratas se ha convertido en una preocupación trasnacional, como se ha visto en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Los negociadores de Estados Unidos y Canadá han mostrado su temor de que el fenómeno afecte los acuerdos que se tomen, pero aprovechan la circunstancia para presionar con más fuerza al gobierno mexicano. Conocen perfectamente la realidad nacional y saben a lo que se exponen, pues no fue un mero accidente que la deuda total de México en enero pasado ascendiera, según el Banco de México, a 182 mil millones de dólares, lo que implicó un crecimiento de 54 por ciento en lo que va de la actual administración.

Y mientras más avanza el sexenio más información surge de la inacabable corrupción en las altas esferas del poder, como ahora con la bautizada como “estafa maestra”, que salió recientemente a la luz por investigaciones hechas por la organización Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad. Esta canallada se realizó entre 2013 y 2014 y consistió en utilizar dinero del erario, por un monto de siete mil 670 millones de pesos, asignado a diversas secretarías para financiar programas sociales, principalmente la Sedesol, entonces a cargo de Rosario Robles; Pemex, cuyo director era Emilio Lozoya, y el Banco Nacional de Obras, en ese entonces a cargo del actual gobernador electo del estado de México, Alfredo del Mazo.

Como los homicidas que tienen la pretensión de cometer el crimen perfecto, aunque finalmente son descubiertos por algún error cometido, así los tres personajes mencionados organizaron las cosas de manera que su estafa no dejara huellas. Pero involucraron a tanta gente, a tantas empresas, que su ardid de actuar al margen de la Ley General de Adquisiciones fue finalmente descubierto por tanta irregularidad cometida en el movimiento del dinero. Sin embargo, puede usted jurar que no pasará nada, aunque el fiscal general que llegue al cargo no sea de la mafia del poder. No tendrá tiempo ni recursos para enfrentar el problema, pues lo agobiarán con muchos pendientes acumulados y los que se sumen en los meses venideros.

La conclusión es que mientras no haya un profundo cambio de régimen, la realidad nacional seguirá en picada hacia su autodestrucción, pues se agravará la descomposición social con su enorme caudal de aguas negras recorriendo el territorio nacional.

(guillermo.favela@hotmail.com)

 

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