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LOS HIJOS DE LA SALSA VALENTINA

LOS HIJOS DE LA SALSA VALENTINA

Autor: Sección: Zona de Debate 07/09/2017 4:48 am

POR: IVÁN RAMÍREZ

Entre las 13:30 y 14:00 horas, vemos a los niños-jóvenes de secundarias públicas salir como cuando se rompe una bolsa llena de canicas; salen en montón sin que alguien los controle; se brincan unos a otros, se dispersan o se detienen al llegar al pasto o a los puestos de frituras con salsa valentina.

Están en la edad de los sueños miopes, pues su visión apenas se está ejercitando,  de tal forma que algunos sólo piensan en lo bonita que esta Karla o lo guapo que se puso Rubén; pero hay quienes además de cargar la mochila, cargan en su cabeza y en sus bolsas la pobreza, la impotencia, los maltratos y adicciones familiares. En sus hogares los logros se racionan para que todos alcancen y los sirven con tortillas, una salsa muy picosa, café negro o una coca de 600 mililitros.

Manchas en la piel nos hablan de desnutrición, pero aun así los reúnen en el patio cívico durante horas para que esperen, aplaudan y echen porras a “las autoridades” al momento en que el director o la directora digan “es un honor contar con su presencia en este día tan especial para nuestra institución”. Los jóvenes se empujan para no aburrirse o no desvanecerse por el sol y el estómago vacío.

En esta etapa de la adolescencia la inocencia no se pierde, sino que es burlada o rebasada por las hormonas; pues no dejan de ser niños-jóvenes con cuerpos y mente aún en formación.

Es angustiante verlos dejar la escuela por un embarazo, por tener que trabajar o por culpa del “cristal”. La información preventiva donde se habla de condones, pastillas, abstención y consecuencias, parece no ser muy eficaz, pues la conciencia y el miedo llegan tarde; llegan cuando caen en el tribunal para menores o cuando la panza crece rápidamente o el juego empieza a jugarse con muñecas que hacen pipí y popó de verdad.

Ojala pudieran tener credencial de elector, ojala pudieran votar para que las autoridades un poco los tomen en cuenta y no sólo los escuchen cantar el himno nacional, recitar una poesía o bailar en un festival. Qué saben ellos de ellos si nomás los ven ondeando banderas de papel de china y cuando hay que entregarle un premio a un niño que destacó en algún concurso nacional.

En México un alumno destacado es un logro personal, pero lo vuelven institucional y lo absorben desesperadamente, como agua en el desierto. Pues cuando un niño gana un concurso por sus propios méritos, “las autoridades” lo muestran como resultado del fuerte apoyo a la educación. Un sólo niño le basta para cubrir su olvido y justificar un presupuesto millonario; un niño se vuelve el héroe desconocido en los informes de gastos y auditorias, y a su vez se vuelve el villano para los olvidados que seguirán siendo olvidados.

Según datos de la Encuesta Nacional de la Juventud 2015, el 49 por ciento de los jóvenes en el país no utiliza anticonceptivos en su primera relación sexual, ya que estos no esperaban tener relaciones. México ocupaba hasta entonces, el primer lugar de embarazo en adolescentes en toda América Latina.  El consumo de drogas en mujeres adolescentes, de entre 12 y 17 años, se incrementó 205 %  entre los años 2011 y 2016, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol, y Tabaco (Encodat) 2016-2017. Y difícilmente hemos descendido escaños en estos problemas.

Se nos pueden olvidar las llaves del carro, apagar la luz del cuarto o el celular cuando vamos al baño de un restaurante o un antro, pero olvidarnos de los niños-jóvenes es algo que ya estamos pagando como sociedad y no se ven indicios de un preocupación real por impulsar políticas públicas para regresarnos la memoria y abrazar el problema, no atacarlo.

La educación empieza en la casa, sí; los principios se dan en la casa, sí; pero en la casa de miles de adolescentes hay un familiar en la cárcel o uno que se droga o bebe, grita y/o pega; en esas casas, el gas y la comida se miden al día; hay calles minadas por charcos que no permiten mantener las calcetas ni zapatos limpios; esas mismas calles, en tiempo de calor y aires, te enferman y no hay un botiquín con las medicinas correctas, ni dinero para comprarlas.

Educación y principios es algo que nace en los hogares, pero cuando esos hogares son olvidados por el Gobierno, los buenos resultados son sólo parte de un discurso trillado.

Mientras compiten por traer a “Maluma” y a “Riky Martin” los robos aumentan en los negocios y fraccionamientos, pero no en los informes de Gobierno; mientras en los cafés descomponen y componen gabinetes o hacen predicciones para ver quién cae primero, los niños-jóvenes de la secundaria siguen rodando como canicas sin que las autoridades se preocupen por impedir que terminen tirados en un andador o heredándole a sus hijos prematuros, lo no aprendido por ellos.

Frituras con mucha salsa, refrescos en bolsa, cuerpos encorvados por una mochila, zapatos enchuecados por falta de plantillas y risas disfrazando problemas domésticos, son algunas de las características de un presente que estamos tratando como pasado.

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