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APUNTES… ESTE NO ES MOMENTO DE INDECISIONES

APUNTES… ESTE NO ES MOMENTO DE INDECISIONES

Autor: Sección: Zona de Debate 01/09/2017 5:10 am

 

Por: Guillermo Fabela Quiñones

La realidad del país es el principal instrumento de valoración del papel que desempeña el régimen en una sociedad cada vez más afectada por la descomposición social. Ahora hay más ciudadanos conscientes de que la culpa de todos nuestros males es un sistema político que no ha cumplido su responsabilidad de árbitro imparcial de las relaciones sociales, absolutamente favorables a una minoría voraz, sin compromiso alguno con la nación, dispuesta a entregar el territorio nacional a intereses extranjeros si en ello lleva un beneficio.

En esta etapa crucial es clara la urgencia de lograr una unidad fundamental de las clases mayoritarias, sobre la base de un proyecto de nación contrario al que ha destruido la posibilidad que teníamos de ser un país verdaderamente democrático, con una economía pujante y mucho menos dependiente del imperio del Norte. Que es un reto extraordinario, no hay duda; que no estamos preparados como sociedad para enfrentarlo, también es obvio. Pero no aprovechar la coyuntura que nos brinda el propio desgaste del régimen sería imperdonable.

Este no es momento de indecisiones, mucho menos de pleitos por un liderazgo social que se desgastaría en las luchas internas, a lo que le apuesta el grupo gobernante para salir a flote del naufragio que le espera por su evidente fracaso al frente de las instituciones nacionales. Esta que estamos viviendo es una etapa irrepetible, que urge aprovechar del mejor modo posible. El primer paso es actuar sin mezquindades, anteponiendo los intereses de la sociedad mayoritaria a los particulares, como lo hacen quienes aprovechando su posición hacen el juego a la mafia del poder.

Es el caso notorio del jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, principal promotor del llamado Frente Amplio Progresista, quien actúa con el fin expreso de dividir el voto popular y obstaculizar la marcha de Morena hacia una victoria que sería el punto de partida para el cambio verdadero. Otro ejemplo de esta postura equivocada lo tenemos en Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien con un egoísmo absurdo se ha dedicado a poner todo tipo de condiciones al indiscutible liderazgo de Andrés Manuel López Obrador.

Ni que decir que el tabasqueño es un ser humano con defectos, un político que a veces comete errores tácticos que no admite, pero por encima de estas características negativas está un dirigente social con una profunda e inquebrantable voluntad por luchar en favor de los grandes intereses del país, amenazados seriamente por una élite reaccionaria, tanto o más peligrosa que la que tuvieron que enfrentar los prohombres que lucharon junto a Benito Juárez para salvar a la nación de ser convertida en una monarquía absolutista, supeditada a una minoría entregada a intereses extranjeros.

Un siglo y medio después estamos nuevamente en ese riesgo, pues la derecha en el poder pretende entregar el territorio nacional a grandes corporaciones trasnacionales, y dejar en calidad de mano de obra esclava a la inmensa mayoría de mexicanos. Los liberales juaristas pudieron vencer a la reacción, apoyada por el ejército más poderoso de su tiempo, el francés, gracias a la unidad que lograron concretar, por encima de cualquier diferencia y de celos personales. La mayoría de los políticos e intelectuales liberales eran muy superiores a Juárez, pero el liderazgo lo tenía el oaxaqueño y así lo aceptaron.

Hoy las condiciones de la lucha por la soberanía nacional y la democracia son más favorables que en el siglo XIX. Vale tal señalamiento porque la población mayoritaria no está tan dispersa como entonces, tan sumida en una marginación total que era aprovechada por los hacendados y particularmente por al clero. Todavía quedan resabios de lo que construyó el régimen de la Revolución Mexicana y el sistema conocido como Estado de bienestar. Aun los más pobres en las zonas más marginadas del país tienen contacto con la sociedad, aunque sólo sea para explotarlos o para comprar su voto en tiempos electorales.

Hoy somos mucho más mexicanos cuya mayoría no tiene gran cosa que perder, como lo reconocen las cifras oficiales sobre la pobreza en México. En esta injustificable situación se encuentran 53.4 millones de mexicanos, a los que hay que sumar casi 10 millones más a quienes no les alcanza ni para mal comer, lo que se llama pobreza extrema. Aunque la realidad, de acuerdo con expertos en el tema, como Julio Boldvinik, es mucho más dramática porque el Inegi y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), hacen mediciones convenientes para el régimen.

El hecho concreto es que durante los últimos 35 años, el neoliberalismo, como en los tiempos de la dictadura porfirista, se ha dedicado a favorecer a una minoría cada vez más excluyente, dedicada al saqueo inmisericorde de las riquezas nacionales, se olvidó de impulsar el crecimiento y el desarrollo del país y ahora enfrentamos las consecuencias sociales en su forma más espeluznante: la violencia extrema, las tragedias callejeras, la criminalidad por hambre, tal como lo reconoció el propio Enrique Peña Nieto durante la clausura  de la 42 sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Aunque, según él, dicho problema ha sido prioritario en su gobierno, “hay que reconocer que el diseño institucional vigente de descentralización de las labores de seguridad ha sido rebasado por los desafíos del siglo XXI”. En realidad, la causa fundamental es la descomposición social, impulsada, por si hiciera falta, por la impunidad sin paralelo en América Latina. Aceptó que la comisión de delitos comunes se ha incrementado. Dijo: “50 % de los homicidios son por fenómenos delictivos locales, por robo, secuestro, pandillerismo, violencia intrafamiliar o contra las mujeres”. Es decir,  descomposición social.

Lo que urge es recomponer el Estado de derecho, no aprobar una ley de seguridad interior con propósitos aviesos, es decir para afianzar la impunidad del régimen reaccionario, sobre todo si cayera en tentaciones golpistas en el 2018. De ahí el imperativo, ineludible, de que las organizaciones progresistas asuman su compromiso de promover un cambio estructural que abra las puertas de la democracia. En este momento no hay otra opción que la unidad, bajo un liderazgo con viabilidad de éxito. Objetivamente, no hay otro que López Obrador a pesar de sus grandes defectos.

(guillermo.favela@hotmail.com)

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